Semanas #59, #60 y #61

Los principios de año siempre me gustan mucho. No por la renovación, la navidad, los propósitos, la paz y el amor y todo eso.

Honestamente, es porque son los Reyes y mi cumpleaños, y me regalan un montón de cosas. Qué le voy a hacer.

La semana de año nuevo la acabé bastante tranquila, disfrutando el final de las vacaciones, leyendo, saliendo a comer y pensando en la mona pascua… hasta que me entró la fiebre del roscón y empecé a hacer masas madre como una loca.

Es una tarea que tiene su miga, esto del roscón. Puede ser muy frustrante porque es una masa muy pegajosa si no lo haces como se debe. Los dos primeros que hice me hicieron sufrir bastante, pero después encontré este programa de Robin Food, donde el amo del foro del pan, Ibán Yarza, cuenta con todo detalle cómo hacer un roscón sin morir en el intento, y los dos siguientes no me dieron tanto castigo.

Imprescindible si quieres intentarlo.

Primer roscón, sabor perfecto, "bollosidad" fatal ??

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El resultado, bueno, de sabor estupendo, recibí muchísimas felicitaciones. Es una de esas cosas que hasta que no pruebas uno casero… no sabes lo que te pierdes. De bollosidad, mal, porque no subió lo suficiente, y uno de ellos se me pasó en el horno. Pero creo que el siguiente ya lo bordaré. Y no esperaré a Navidad otra vez para hacerlo.

La vuelta al trabajo fue bastante suave, tres días en los que casi todos volvíamos de vacaciones y se pasaron volando. Lo serio empezó la semana siguiente.

El fin de semana del 10, una sesión de las Salar en plena acción. Habíamos quedado para una sesión típica de Rebajas, pero lo que mi madre no sabía es que le teníamos preparada una sorpresa.

Mil aventuras para llegar, pero por fin estamos aquí!

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Concierto de M Clan en el auditorio Víctor Villegas. Mucho tiempo había pasado desde el último al que fuimos, en Cieza, donde mi madre había conseguido rebasar a todas las quinceañeras para conseguir que el señor Tarque le firmara sobre la misma piel, dejándole estupefacto con su energía.

Y con todo lo que ha pasado en casa y la agotadora tarea que ahora lleva con mi abuela, necesitaba desconectar y tener una buena fiesta, además con otras emociones inesperadas, incluido el olvido de las entradas, pero, por suerte, todo acabó bien y ahora dice que ha rejuvenecido cinco años.

En el trabajo, volví a hacer una pequeña tarea para Digio. Tenían que adaptar la aplicación en la que he trabajado para Windows Phone, y no habían utilizado el nuevo look & feel. Así que preparé algunas pantallas como guía para la adaptación, y además di consultoría para los desarrolladores.

Visto lo que ha dicho el cliente al respecto, parece que apreciaban más de lo que yo pensaba el trabajo que había realizado con la de iOS. No hay mal que por bien no venga.

Me dio que pensar un poco en los costes de adaptación de una app para todos los sistemas… Y creo que desde el punto de vista de los informáticos y diseñadores a veces se nos olvida un poco. Nosotros queremos hacer nuestro trabajo bien, simplemente. Pero aunque las cosas se deben hacer bien si se hacen, cuando las limitaciones económicas no dan, no dan.

Entonces, ¿es mejor no hacerlo? Cuando leí El Manantial (recomendado), también reflexionaba sobre esto. ¿Es mejor hacer esta aplicación para Windows Phone sin invertir suficiente en su diseño? Si fracasa, eso sería en gran parte causa, así que también se habría tirado dinero de desarrollo.

En WSL ya tuve una semana normal. Empecé haciendo investigación para otra parte componente de La Tarea, y haciendo algunos bocetos en papel, y después wireframes con lo que he construido tras mis averiguaciones. Ahora tendré que presentarlo e icorporar el feedback de mi jefe para seguir avanzando.

También me dediqué a la última fase del componente anterior de La Tarea, que es la de diseño visual. Creo que he conseguido una fluida interfaz, con un par de ideas útiles, pero ahora hay que ponerla bonita y me está costando horrores.

Claro, como no he seguido en esta ocasión los consejos de Danny… voy perdida y dando tumbos. Pero el lunes empiezo de nuevo y con disciplina, tiro lo que tengo y lienzo limpio.

Para la fase de definición de componentes, flujo… el prototipado, vamos, me va genial hacerlo con HTML en navegador, pero para el diseño visual no me vale. Mi empeño en hacerlo así también viene de que la tipografía nunca renderiza igual en programas como Sketch o Photoshop que en los navegadores, pero bueno, cuando tenga la tipo elegida, me vuelvo al software de diseño. A ver qué tal me resulta esta semana.

Volvimos a las reuniones, la quincenal con los jefes, y la semanal de equipo. Sorprendentemente las había echado de menos estas semanas sin ellas… Imagino que es algo bueno, mientras las mantengamos así de contenidas.

En la de este último viernes, nuestro jefe nos comentó que vamos a reorganizarnos un poco en cuanto a funciones. Para mi, tendré menos gestión, y podré ocuparme más a tareas puramente de diseño.

Esto, que parece un downgrade, me parece un buen cambio. Mi jefe estará en contacto directo con todos, la comunicación será más ágil y rápida, y no tendré que ser el hub entre todos. Llevar menos cosas me permitirá centrarme más en lo que tengo que hacer.

Y acabé esta semana con la celebración de mi cumpleaños. Llevaba todo el año diciendo que no haría nada, y en dos semanas me animé, así que de la castiza fiesta del empedrao cambiamos a homenaje a Crónicas carnívoras.

Un día genial, doce horas non-stop pasándolo muy bien, con muchos amigos, aunque faltaron algunos. Dos de ellos estaban muy ocupados trayendo al mundo al pequeño Javier, y ahora compartimos cumpleaños 🙂

Ay, ¡que nos hacemos mayores ya!

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