Reflexiones sobre el vegetarianismo

Ensalada africana del restaurante Maná
Ensalada africana del restaurante Maná, en Murcia

Durante el mes de septiembre pasado fui vegetariana (aunque comía lácteos y huevos). No lo he hecho por las razones más frecuentes, como adelgazar 😀 sino como un ejercicio de disciplina, igual que en otros meses he hecho otras cosas.

Es curioso, aparte de conseguir mi objetivo, he podido comprobar de primera mano que no es fácil ser vegetariano. Algunas experiencias:

  • La mayoría de gente pensaba que podía comer atún, mejillones, caballa… cualquier cosa que viniera en lata 😀 qué fácil sería entonces…
  • Mis amigos se escandalizaron un poco, me miraban con los ojos como platos y me preguntaban por qué quería sufrir ¡WTF! o si era porque me daban lástima los animales…
  • Es difícil salir de tapas, no por tener tentaciones, en absoluto, sino por la falta de variedad en tapas vegetarianas aparte de las patatas, fritas, cocidas o asadas, eso sí.
  • Es algo caro ser vegetariano pijo. Me refiero a conseguir alimentos como el tofu y similares. Al menos en mi zona no son fáciles de encontrar. Y aunque no son imprescindibles, de vez en cuando un caprichillo…
  • Es trabajoso. Es más difícil “comer cualquier cosa” que si comes carne, muchas soluciones fáciles (un filete a la plancha…) queda fuera, y buscar una alternativa que sea completa requiere un ejercicio de creatividad mayor.

Realmente creo que mi experiencia fue algo pobre porque no me gusta el queso ni muchos lácteos, y también limitada porque no dediqué mucho tiempo ni atención en buscar recetas atractivas y sencillas, aunque sí que hice algunos descubrimientos interesantes, y por ello me gustaría seguir investigando este mundo.

Así que si tenéis recomendaciones, sugerencias o consejos, son bienvenidos!

Comprar (con cabeza), (no) tirar (si no es necesario), comprar (cada vez menos)

No solo hay que ver documentales, sino que hay que sacarles el jugo 🙂

Lo más interesante de la emisión del trabajo de Dannoritzer, no es sólo las conclusiones a las que se llega en el reportaje, sino el animado debate social que se han generado tras su estreno. En Comprar, Tirar, Comprar, su protagonista se niega de deshechar una impresora y busca reparar la avería que hace que no funcione. Es posible que millones de gestos como ese tengan más repercusión la economía, la política y el medio ambiente de lo que nosotros pensamos.

Muy buenas reflexiones sobre “Comprar, tirar, comprar” en Actuable.

Comprar (con cabeza), (no) tirar (si no es necesario), comprar (cada vez menos)

A estas alturas, cualquier persona que tenga un mínimo contacto con la red, habrá visto o habría oído hablar del genial documental Comprar, tirar, comprar, sobre cómo se ha construido la industria de la sociedad de consumo, con productos con fecha de caducidad que nos obligan a reemplazarlos continuamente. Este trabajo, además de haber popularizado un término de esos impronunciables -la obsolescencia-, nos descubre por qué las impresoras dan más quebraderos de cabeza que imprimen páginas, por qué un móvil con más de dos años es casi una reliquia o por qué si tu portátil tiene más de cinco años, deberías hacerle un homenaje: porque todos estos objetos están programados para eso, para durar poco.

Porque que duraban poco ya lo sabíamos, pero no es lo mismo que te cuenten los entresijos, ni ver las consecuencias de este sistema. La sociedad de consumo nos ha convertido unas máquinas de producir basura; una basura de la que nos despreocupamos una vez que cerramos la tapa del contenedor. En una entrevista de las cientos que ha dado Cosima Dannoritzer, directora del documental, en los últimos días, la realizadora sostiene que no hay que culpar de esto a las empresas, sino replantear el sistema.

En un primer momento, no pude estar menos de acuerdo con esta afirmación: ¿Cómo replantear el sistema sin las empresas? Es normal pensar que la compañía que fabricó mi móvil es la culpable de que éste sea de usar y tirar. De hecho, lo es. Sin embargo, atribuir toda la responsabilidad del sistema en el que vivimos a las empresa, podría resultar un poco reduccionista, ya que se que deja de lado algo fundamental: nuestra responsabilidad. Echar siempre la culpa a un ente superior, no es otra cosa que reafirmar nuestra propia inferioridad. Y no, no somos seres bobalicones incapaces de tomar las riendas de nuestra propia vida.

Por eso, lo más interesante de la emisión del trabajo de Dannoritzer, no es sólo las conclusiones a las que se llega en el reportaje, sino el animado debate social que se han generado tras su estreno. En Comprar, Tirar, Comprar, su protagonista se niega de deshechar una impresora y busca reparar la avería que hace que no funcione. Es posible que millones de gestos como ese tengan más repercusión la economía, la política y el medio ambiente de lo que nosotros pensamos.

The Sabbath Manifesto

En inglés: Evita la tecnología. Conecta con los que más quieres. Nutre tu salud. Sal afuera. Evita el comercio. Enciende velas. Bebe vino. Come pan. Encuentra el silencio. Devuelve.

Hoy he llegado hasta “The Sabbath Manifesto” a través del twitter de @milleiro, lo publican en el blog sobre cosas bonitas, seisdecadadiez.

Evita la tecnología. Conecta con los que más quieres. Nutre tu salud. Sal afuera. Evita el comercio. Enciende velas. Bebe vino. Come pan. Encuentra el silencio. Devuelve.

Y hoy especialmente lo recojo aquí porque llevo todo el día con un tic, no sé si fruto del estrés (esta semana no tengo motivos realmente), que creo que me dice que tengo que bajar el ritmo. Y qué mejor día que mañana para un poco de relax (bueno, hoy sería mejor, claro).

Aunque todas las noches intento que tengan un poco de esto, estaría bien tener todo un día. Seguro que a ti también te apetece.

Pero si eres tan adicto a la tecnología como yo… lo tenemos más difícil! ¿no vas a echarte una partida a algo? ¿no vas a leer algunos feeds? viciosos es lo que somos!

Fuente original: Sabbath Manifesto.

No me gusta descargar música, series o cine

Cualquiera lo diría viendo mis entradas sobre cómo escuchar música gratis (y otra), ¿eh?

Downloading
Foto: Criterion

Pero es así. Y no creo que a la mayoría de gente le guste. Para quien no lo sepa, hay diferentes procesos para descargar contenidos, pero básicamente en casi todos tienes que molestarte bastante:

  • Instalar programas que consumen recursos en tu ordenador.
  • Arriesgarte a que esos programas incluyan algún regalito en forma de spyware.
  • Buscar y buscar los archivos que te interesan, teniendo que descartar diferentes versiones, idiomas, calidades no siempre bien indicados.
  • Luego esperar lo suyo, en caso de que, como yo, no tengas una cuenta premium para descargar rápido.
  • Cuando se ha descargado, aún pueden venir las sorpresas, en forma de virus, fakes, calidad inferior a lo esperado, problemas con el sonido.
  • En su caso, hay que buscar los subtítulos o carátulas por otro lado.
  • Una vez descargado algo en una calidad aceptable, siempre da pena borrarlo! al final acabas con el disco duro lleno.

Y seguro que me dejo algo! Lo que viene a ser “buscarse la vida”, aunque también hay herramientas que hacen el proceso más asequible.

En cuanto a lo económico, tampoco es gratis:

  • Hay que tener una buena conexión a internet, es poco frecuente necesitar velocidad alta si no es para descargar contenidos o usar streaming. A mi para trabajar con una de 6mb me basta!
  • Hay que guardar lo descargado en algún sitio, así que compramos (o comprábamos) CDs y DVDs en grandes cantidades, discos duros de alta capacidad.
  • Aparte del precio de los propios soportes, se agrega el canon, recientemente declarado ilegal, y no barato precisamente, aunque uses los soportes para guardar contenidos propios.
  • Hay gente que paga un precio anual a páginas como Megaupload o Rapidshare para poder descargar en mejores condiciones.
  • Otros usuarios incluso llegan a contratar servicios de VPN (redes privadas virtuales) para poder acceder a servicios de distribución de contenidos en otros países (como Hulu, Netflix…).
  • Estos servicios de distribución de contenidos, también se pagan o bien tienen publicidad.

O sea, que no es que no se quiera pagar. Hay gente dispuesta a ello.

Yo pagaría un precio razonable por no tener que complicarme la vida para ver una película o serie que me apetece. Porque además, es raro el día que pongo la televisión y no me enferma.

El tema está en cuánto es razonable para mí, y cuánto es razonable para el proveedor de este servicio.

Imagino una biblioteca online. Películas, series, música, libros. Como tenerlos en mi estantería pero en la nube. Me ahorro el disco duro y ellos la distribución.

Por streaming y descarga, con opción de descargar para ver los contenidos offline pero sin tener que almacenar en mi disco duro, poder volver a la biblioteca para revisionar lo ya pagado.

Pago por consumo o tarifa plana mensual, con o sin publicidad, a elegir. Flexible para que la mayoría de gente pueda acceder.

Otros lo han comentado ya. El secreto es la combinación de comodidad y precios razonables.

Un servicio así ¿es posible? Quizá es una utopía, algunos dicen que ya hay servicios así, y que los “piratas” no los usamos.

Pero es que no voy a pagar lo mismo que cuesta una película en DVD por descargármela, y más de lo que cuesta en el videoclub de mi calle tampoco.

Ficha de la película "La chaqueta metálica" en pixbox, compra por 9,99€ y alquiler por 3€

Como ejemplo, una peli que quería ver, “La chaqueta metálica” cuesta 9,99€ en pixbox, el videoclub de ElMundo.es (mención especial al “Sin autorización para grabar a DVD”), y se puede comprar por 5,99€ en fnac:

"La chaqueta metálica" se puede comprar en fnac por 5,99€

Quizá no es el mejor ejemplo, porque este DVD físico es relativamente barato, pero es un ejemplo real, y como éste, hay muchos más.

En cuanto al alquiler, 3€ en pixbox por 48h. En Murcia hay videoclubs donde entre 1,5€ y 2,5€ puedes llevarte una película una semana.

Distribuidoras, discográficas y editoriales se dedican a perseguir, insultar y cabrear a sus clientes, mientras vemos de lejos como otros servicios se preparan para desembarcar en el mercado español (e hispano), dejando que les adelanten por la derecha.

Luego vendrán los madresmías y los nomeloexplico.

Fabricados para no durar

Nuestro papel parece limitarse a pedir créditos para comprar cosas que no necesitamos

Siempre que se me rompe algo tengo la sensación de que cada vez las cosas duran menos.

Porque los frigoríficos en casa duraban mucho más antes, las lavadoras, lo mismo, mi abuela todavía tiene un televisor que ha visto pasar a dos de generaciones más jóvenes. Porque es más caro barato comprar una impresora nueva, un móvil y a veces hasta un ordenador, que reparar uno averiado.

Porque un producto que no se estropea no es un buen negocio.

Mañana domingo 9, a las 22h emiten en La 2 y en RTVE.es el documental “Comprar, tirar, comprar”, donde se habla de como las empresas programan el fin de la vida útil de sus productos, y como nosotros seguimos comprando antes de lo debido.

Una nueva llamada de atención sobre nuestras costumbres consumistas, que, ahora más que nunca con el mal momento económico que vivimos, conviene reconsiderar.

Relacionada: The story of stuff