Semanas #106 y #107

Dos semanas en las que puedo decir que he sido feliz.

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A diferencia de las estresantes semanas anteriores, estos días con poquito me he estado sintiendo muy bien. Ir a pasear, al gimnasio, comer un chocolate con churros, salir a tomar unas cervezas… es como si lo estuviera disfrutando todo más.

Una parte creo que es gracias a la fotografía. Me está enseñando detenerme a mirar, a tomarme el tiempo necesario para hacer la foto que quiero, a intentar buscar otros ángulos. Quizá es una tontería, o quizá no, pero por ahora creo que me está aportando mucho, y estoy encontrando rincones y luces de mi pueblo y mi ciudad que hasta ahora estaba pasando por alto.

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Pasé el sábado anterior planeando una comida familiar, al día siguiente era el cumpleaños de mi hermano, y en dos días más mi santo, y pasamos un buen día y buena tarde todos juntos. Parece que estamos en un momento dulce. Nunca hemos sido la típica familia familiar pero ahora parece que estamos encontrando puntos de encuentro, intereses comunes que nos hacen disfrutar más del tiempo juntos.

Y además recibí un regalo bastante sorprendente, un ukelele! Nunca he tocado nada, más allá de la flauta dulce en el colegio, y no tengo nada de oído ni coordinación, pero siempre me había hecho gracia este instrumento, y despertado mi curiosidad. Y ahí estoy ahora, llegando a pasar horas muertas un sábado dándole, incluso olvidándome de la hora de comer.

Veremos si no acabo de gira con la cabra.

Se empieza así, y luego vienen los madres mías…

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En el trabajo, vuelta a la normalidad relativamente. Seguimos un poco cargados de trabajo, pero controlando. Además, tenemos nuevo director creativo, Óscar Armelles, de quien espero aprender mucho. Aún está llegando pero ya estoy trabajando con él en un par de tareas, una para cliente y otra de producto, y parece que ambas pintan muy bien.

Sigo resolviendo algunos bugs de nuestro nuevo diseño responsive, y he estado preparando con mi compañero Diego un nuevo entorno de trabajo para nuestros desarrollos de producto.

Hasta ahora trabajábamos con SVN y un build de CSS con LESS, pero nos faltaba automatizar el flujo y contar con los ayudantes que hay para el flujo de trabajo en frontend, sobre todo usar git y postprocesadores para mejorar un poco nuestra vida. Hemos tirado con Gulp y el típico flujo para LESS, y usaremos Jekyll para los prototipos. Aunque acabamos de empezar, ya estoy mirando algunas librerías adicionales para las cosas que siempre he querido hacer y se quedaban para más adelante.

Ahora mismo mis tarea principal es en la que trabajamos Óscar, Javi y yo. Rediseñamos otra una parte de nuestro front-end, y nuestro enfoque queremos que sea de diseño centrado en el usuario totalmente. Será más lento, pero tenemos muchas expectativas puestas en ello, así que hay que hacerlo bien.

Y también estoy de apoyo y de nexo con el equipo de desarrollo para otra tarea con mi compañera Esther. En este caso no es producto, sino trabajo para un cliente, pero se mezcla también con el desarrollo de una herramienta editorial interna que tenemos. Usamos esta instancia de trabajo con un cliente para detectar necesidades que podamos cubrir eficientemente con nuestra herramienta, así que vamos haciendo contenido y desarrollo en paralelo. Es un poco duro, pero por ahora no va mal.

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La semana que viene espero tomarla con el mismo buen ánimo que ésta, y sobre todo, esquivar en lo posible el ambiente de crispación debido a la política que he podido ver frecuentemente desde las pasadas elecciones. Para un rato vale, pero lo mucho, cansa.

Ayer una amiga me preguntaba a quién votaría… ¿Qué quieres que te diga? Ojalá los programas electorales estuvieran construidos para favorecer que se lean. Eso podría ser un buen ejercicio de diseño, oye.

Pues aprovecho para recomendar una lectura que creo que puede responder un poco a esta amiga mía, a la que quizá no supe explicar mi posición: El cristal roto. Justo hoy tuve un debate interesantísimo con mis hermanos sobre el liberalismo y los límites, que para mi los hay, pero deben ponerse basándose en el bien común, no en el puesto que esperas que te den en una gran empresa cuando te retires, como la mayoría de los líderes políticos de la democracia, tanto de un signo como de otro.

Seguramente nos iría mejor si todos valorásemos el trabajo bien hecho, en lugar de ser el más listo, o el que se lo lleva calentito sin esfuerzo. Así que también dejo un documental que he visto esta semana: