The Sabbath Manifesto

En inglés: Evita la tecnología. Conecta con los que más quieres. Nutre tu salud. Sal afuera. Evita el comercio. Enciende velas. Bebe vino. Come pan. Encuentra el silencio. Devuelve.

Hoy he llegado hasta “The Sabbath Manifesto” a través del twitter de @milleiro, lo publican en el blog sobre cosas bonitas, seisdecadadiez.

Evita la tecnología. Conecta con los que más quieres. Nutre tu salud. Sal afuera. Evita el comercio. Enciende velas. Bebe vino. Come pan. Encuentra el silencio. Devuelve.

Y hoy especialmente lo recojo aquí porque llevo todo el día con un tic, no sé si fruto del estrés (esta semana no tengo motivos realmente), que creo que me dice que tengo que bajar el ritmo. Y qué mejor día que mañana para un poco de relax (bueno, hoy sería mejor, claro).

Aunque todas las noches intento que tengan un poco de esto, estaría bien tener todo un día. Seguro que a ti también te apetece.

Pero si eres tan adicto a la tecnología como yo… lo tenemos más difícil! ¿no vas a echarte una partida a algo? ¿no vas a leer algunos feeds? viciosos es lo que somos!

Fuente original: Sabbath Manifesto.

No me gusta descargar música, series o cine

Cualquiera lo diría viendo mis entradas sobre cómo escuchar música gratis (y otra), ¿eh?

Downloading
Foto: Criterion

Pero es así. Y no creo que a la mayoría de gente le guste. Para quien no lo sepa, hay diferentes procesos para descargar contenidos, pero básicamente en casi todos tienes que molestarte bastante:

  • Instalar programas que consumen recursos en tu ordenador.
  • Arriesgarte a que esos programas incluyan algún regalito en forma de spyware.
  • Buscar y buscar los archivos que te interesan, teniendo que descartar diferentes versiones, idiomas, calidades no siempre bien indicados.
  • Luego esperar lo suyo, en caso de que, como yo, no tengas una cuenta premium para descargar rápido.
  • Cuando se ha descargado, aún pueden venir las sorpresas, en forma de virus, fakes, calidad inferior a lo esperado, problemas con el sonido.
  • En su caso, hay que buscar los subtítulos o carátulas por otro lado.
  • Una vez descargado algo en una calidad aceptable, siempre da pena borrarlo! al final acabas con el disco duro lleno.

Y seguro que me dejo algo! Lo que viene a ser “buscarse la vida”, aunque también hay herramientas que hacen el proceso más asequible.

En cuanto a lo económico, tampoco es gratis:

  • Hay que tener una buena conexión a internet, es poco frecuente necesitar velocidad alta si no es para descargar contenidos o usar streaming. A mi para trabajar con una de 6mb me basta!
  • Hay que guardar lo descargado en algún sitio, así que compramos (o comprábamos) CDs y DVDs en grandes cantidades, discos duros de alta capacidad.
  • Aparte del precio de los propios soportes, se agrega el canon, recientemente declarado ilegal, y no barato precisamente, aunque uses los soportes para guardar contenidos propios.
  • Hay gente que paga un precio anual a páginas como Megaupload o Rapidshare para poder descargar en mejores condiciones.
  • Otros usuarios incluso llegan a contratar servicios de VPN (redes privadas virtuales) para poder acceder a servicios de distribución de contenidos en otros países (como Hulu, Netflix…).
  • Estos servicios de distribución de contenidos, también se pagan o bien tienen publicidad.

O sea, que no es que no se quiera pagar. Hay gente dispuesta a ello.

Yo pagaría un precio razonable por no tener que complicarme la vida para ver una película o serie que me apetece. Porque además, es raro el día que pongo la televisión y no me enferma.

El tema está en cuánto es razonable para mí, y cuánto es razonable para el proveedor de este servicio.

Imagino una biblioteca online. Películas, series, música, libros. Como tenerlos en mi estantería pero en la nube. Me ahorro el disco duro y ellos la distribución.

Por streaming y descarga, con opción de descargar para ver los contenidos offline pero sin tener que almacenar en mi disco duro, poder volver a la biblioteca para revisionar lo ya pagado.

Pago por consumo o tarifa plana mensual, con o sin publicidad, a elegir. Flexible para que la mayoría de gente pueda acceder.

Otros lo han comentado ya. El secreto es la combinación de comodidad y precios razonables.

Un servicio así ¿es posible? Quizá es una utopía, algunos dicen que ya hay servicios así, y que los “piratas” no los usamos.

Pero es que no voy a pagar lo mismo que cuesta una película en DVD por descargármela, y más de lo que cuesta en el videoclub de mi calle tampoco.

Ficha de la película "La chaqueta metálica" en pixbox, compra por 9,99€ y alquiler por 3€

Como ejemplo, una peli que quería ver, “La chaqueta metálica” cuesta 9,99€ en pixbox, el videoclub de ElMundo.es (mención especial al “Sin autorización para grabar a DVD”), y se puede comprar por 5,99€ en fnac:

"La chaqueta metálica" se puede comprar en fnac por 5,99€

Quizá no es el mejor ejemplo, porque este DVD físico es relativamente barato, pero es un ejemplo real, y como éste, hay muchos más.

En cuanto al alquiler, 3€ en pixbox por 48h. En Murcia hay videoclubs donde entre 1,5€ y 2,5€ puedes llevarte una película una semana.

Distribuidoras, discográficas y editoriales se dedican a perseguir, insultar y cabrear a sus clientes, mientras vemos de lejos como otros servicios se preparan para desembarcar en el mercado español (e hispano), dejando que les adelanten por la derecha.

Luego vendrán los madresmías y los nomeloexplico.

Fabricados para no durar

Nuestro papel parece limitarse a pedir créditos para comprar cosas que no necesitamos

Siempre que se me rompe algo tengo la sensación de que cada vez las cosas duran menos.

Porque los frigoríficos en casa duraban mucho más antes, las lavadoras, lo mismo, mi abuela todavía tiene un televisor que ha visto pasar a dos de generaciones más jóvenes. Porque es más caro barato comprar una impresora nueva, un móvil y a veces hasta un ordenador, que reparar uno averiado.

Porque un producto que no se estropea no es un buen negocio.

Mañana domingo 9, a las 22h emiten en La 2 y en RTVE.es el documental “Comprar, tirar, comprar”, donde se habla de como las empresas programan el fin de la vida útil de sus productos, y como nosotros seguimos comprando antes de lo debido.

Una nueva llamada de atención sobre nuestras costumbres consumistas, que, ahora más que nunca con el mal momento económico que vivimos, conviene reconsiderar.

Relacionada: The story of stuff

Lo que está haciendo internet con nuestro cerebro

Lo está transformando.

Hace unos días me llegó por twitter un fantástico artículo, ¿Qué le está haciendo Internet a tu cerebro? de La Petite Claudine, donde comenta a Nicholas Carr, autor del libro The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains,y del artículo precursor: Is Google making us stupid? (aquí en castellano: ¿Está Google “estupidizándonos”?) muy recomendado.

En todos ellos se comenta, se especula sobre cómo nos están afectando los nuevos hábitos y patrones de comportamiento adquiridos por pasar mucho tiempo online.

¡Me he visto tan reflejada que hasta me ha dado miedo!

Nos cuesta concentrarnos, pasamos de una actividad a otra, de una página a otra, con una facilidad pasmosa, y por supuesto, entre una y otra no nos paramos a reflexionar sobre lo que acabamos de leer, solo engullimos.

Nos llega un mail y dejamos lo que estamos leyendo para atenderlo.

Nos asalta alguien por skype y dejamos el mail anterior a medias.

Nos llega un SMS y abandonamos la ventanita de skype.

Nos llaman al teléfono fijo y no respondemos al SMS.

Parece que nos importa más la novedad y la cantidad que la calidad. ¿Por qué? En La Petite Claudine comentan:

Cuando leemos en Red, explica Carr, nuestro cerebro está demasiado ocupado decidiendo si pincha o no en los enlaces, ignorando los anuncios y valorando el interés de los otros titulares para prestar atención a lo que lee, sin mencionar la interrupción constante de nuestros avisos de actualización (RSS, correo, SMS, etc). Al segundo párrafo nos impacientamos porque el navegador nos recompensa con deliciosas endorfinas cada vez que descubrimos algo nuevo, aunque sea irrelevante.

Mmmm… vale, y ¿por qué esto es importante? Nuestro cerebro se acostumbra a tener muchos estímulos, y perdemos la práctica (si es que alguna vez la tuvimos) en profundizar, analizar, reflexionar…que nos dan una menor recompensa a corto plazo.

¿Soy la misma persona que hacía comentarios de textos de Unamuno con éxito? Pues creo que no, y lo lamento.

Puedo haber ganado agilidad a la hora de buscar e identificar lo que me interesa, pero ¿cómo lo utilizo luego? ¿Para qué me sirve ser tan ágil en internet? Me puede servir para mucho, pero me quedo con esta cita del artículo de Carr:

Mientras con mayor rapidez naveguemos por la Red, mientras más enlaces podamos cliquear y más páginas veamos, más oportunidades ganan Google y otras empresas de recopilar información sobre nosotros y alimentarnos anuncios.

Es gracioso que precisamente en el artículo de Carr encontramos anuncios y sumarios que también nos distraen de su lectura. ¡Si es que ocurre hasta en las mejores casas!

Es algo que ahora puede que sólo nos afecte a los que usamos internet intensivamente, pero con el tiempo probablemente se extienda, ganaremos unas habilidades y perderemos otras.

Así que si te ves reflejado en alguna de estas situaciones: multitarea, pérdida de atención, pérdida de la capacidad de concentración, pasas horas saltando de enlace en enlace… estás avisado.

Yo por ahora voy a intentar ejercitar un poco lo que tengo oxidado.

Volver al hábito de leer cada noche, hace meses que un libro no me cautiva.

Escribir de nuevo, aunque sea offline, aunque me avergüence de lo que escribo.

Intentar concentrarme bien en lo que leo, también en internet. Print friendly me puede ayudar en esto.

Sobre todo, intentar tener una sola aplicación o ventana abierta a la vez!

Y lo digo yo que he llegado a tener 80 pestañas de Firefox abiertas… ya veremos cómo acabo.