Día del libro

Casa Del Libro me regaló estos cuatro hace un par de mesesAyer fue el día del libro, y eso me recuerda que desde el verano tengo ganas de comentar algunos de los últimos que he leído (no los “académicos”, por favor!).

Y también agradecer desde aquí a Casa Del Libro que, por medio de Antonio Mas me regaló varios libros, como a algunos blogueros más, JJ o jlori. Además, tiene un programa de afiliados al que me he apuntado.

Me regalaron:

  • 11 minutos: un rollazo. Quizá soy un poco dura, pero es que no despertó absolutamente ninguna sensación en mí, y eso que lo cogí con ganas, por aquello del morbo de la zagala que se mete a p*tilla y a ver qué le pasa y tal y cual, pero ni con esas. Iba a leer El Alquimista, pero creo que necesito un descanso de Coelho.
  • Deseo: no digo que el libro no sea bueno porque no me lo he leído. No he podido pasar de 20 páginas, porque tiene un estilo muy particular y me carga mucho leerlo:

    ¿Qué pasa con las mujeres? El imperecedero retrato de sus placeres les importa más que el original perecedero, que tendrán que exponer tarde o temprano a la competencia de la vida, cuando, febrilmente encadenadas a su cuerpo, deban mostrarse en público en la pastelería, con un vestido nuevo y un hombre nuevo. Quieren contemplar la imagen del amado, ese hermoso rostro, en el silencio de la pocilga conyugal, apretadas a alguien que de vez en cuando se refugia pesadamente en ellas para no tener que mirarse a sí mismo todo el tiempo. Toda imagen descansa mejor en la memoria que en la vida misma, y, abandonadas, hojeamos ociosamente nuestras hojas sonoras y nos sacamos los recuerdos de entre los dedos de los pies: ¡Qué hermoso fue abrirse un día de par en par! Gerti puede incluso cocerse al piano, y presentar al marido sus panecillos recién hechos. Y los niños cantan tralalá.
    Nos merecemos todo lo que podemos soportar.

  • Lo mejor que le puede pasar a un cruasán: muy entretenido, me lo leí muy rápido porque me enganchó mucho, es muy dinámico. No es de lo más profundo, pero para pasar el rato está bien.

Y yo compré:

  • Historias del Kronen: no está mal, también para pasar el rato. Al menos es bastante mejor que la película.
  • Escritos de un viejo indecente: Bukowski. Éste era un valor seguro, pero después de la decepción de Paulo Coelho…
    Éste es un libro de relatos cortos, no sigue una línea argumental, y eso es bueno porque lo abres por donde sea y lees un trozo, y ya está, pero prefiero las novelas. Muchas palabrotas.
  • Mujeres: Bukowski, novela. No me decepcionó, lo he leído varias veces desde el verano porque me divierte. Me divierte porque yo no soy una de las mujeres, claro, porque no lo pasan precisamente bien, este tipo es un cabritillo en toda regla. Rápido de leer, no por sencillo sino porque no dan ganas de dejarlo.
  • Cuentos de Edgar Allan Poe: otro valor seguro. Magnífico, pero es que a mi me encanta. No puedo decir mucho porque ya he hablado de Poe. Ahora tengo la colección de cuentos completa y siempre hay algo bueno que leer ahí antes de dormir.

Y me han regalado/prestado/he robado (jiji):

  • En el blanco: Ken Follet. Un laboratorio farmacológico tiene un virus muy malo muy malo, y, cómo no, se lo roban. Es entretenido para pasar las tardes de verano.
  • Pregúntale a Alicia: historia de una adolescente normal que se da a la droga, escrito en primera persona. Lo bueno es que no es un libro actual, tendrá al menos 20 o 30 años y eso se nota. Es sórdido, pero no se nota la búsqueda de lo morboso porque sí, como en los libros actuales. Me gusta mucho este libro.
  • Cuentos para pensar: Jorge Bucay. Este libro es de mi madre. Mi madre siempre compra libros como “El caballero de la armadura oxidada”, “Los estados carenciales”… libros en los que en la contraportada dice que son para reflexionar. Éste es del tipo, pero es bueno. Son cuentos muy cortos, y que verdaderamente hacen pensar, aquí dejo uno como ejemplo:

    Su madre se había marchado por la mañana temprano y los habíaa dejado al cuidado de Marina, una joven de dieciocho años a la que a veces contrataba por unas horas para hacerse cargo de ellos a cambio de unos pocos pesos. Desde que el padre había muerto, los tiempo eran demasiado duros como para arriesgar el trabajo faltando cada vez que la abuela se enfermara o se ausentara de la cuidad.

    Cuando el novio de la jovencita llamó para invitarla a un paseo en su coche nuevo, Marina no dudó demasiado. Después de todo, los niños estaban durmiento como cada tarde, y no se despertarían hasta la cinco.

    Apenas escuchó la bocina cogió el bolso y descolgó el teléfono. Tomó la precaución de cerrar la puerta del cuarto y se guardó la lave en el bolsillo. Ella no quería arriesgarse a que Pancho se despertara y bajara las escaleras para buscarla, porque después de todo tenía sólo seis años y en un descuido podía tropezar y lastimarse. Además, pensó, si eso sucediera, ¿cómo le explicaría a la madre que el niño no la había encontrado?

    Quizás fue un cortocircuito en el televisor encendido o en alguna de las luces de la sala, o tal vez una chispa del hogar de leña; el caso es que cuando las cortinas empezaron a arder el fuego rápidamente alcanzó la escalera de madera que conducía a los dormitorios.

    La tos del bebé debido al humo que se filtraba por debajo de la puerta lo despertó. Sin pensar, Pancho saltó de la cama y forcejeó con el picaporte para abrir la puerta pero no pudo.

    De todos modos, si lo hubiera conseguido, él y su hermano de meses hubieran sido devorados por las llamas en pocoo minutos. Pancho gritó llamando a Marina, pero nadie le contestó su llamada de auxilio. Así que corrió al teléfono que habia en el cuarto (él sabía como marcar el número de su mamá) pero no había línea.

    Pancho se dio cuenta que debía sacar a su hermanito de allí. Intentó abrir la ventana que daba a la cornisa, pero era imposible para sus pequeñas manos destrabar el seguro y aunque lo hubiera conseguido aún debia soltar la malla de alambre que sus padres habían instalado como protección.

    Cuando los bomberos terminaron de apagar el incendio, el tema de conversación de todos era el mismo:
    ¿Cómo pudo ese niño pequeño romper el vidrio y luego el enrejado con el perchero?
    ¿Cómo pudo cargar al bebé en la mochila?
    ¿cómo pudo caminar por la cornisa con semejante peso y bajar por el árbol?
    ¿Cómo pudo salvar su vida y la de su hermano? >>

    El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado les dio la respuesta:
    Panchito estaba solo … No tenía a nadie que le dijera que no iba a poder.

  • Factotum: Más Bukowski. Ya se hace un poco repetitivo. He encontrado fragmentos iguales en los tres libros suyos que aquí he nombrado. Yo entiendo que no tuviera ganas de trabajar, peroooo… ahora temo comprarme alguno más suyo por si sigue repitiéndose.
  • Todas las almas: Javier Marías. Me gusta la historia y me gusta como está escrito, pero se me ha hecho un poco espeso, quizá porque tampoco le presté la atención que debía, lo leí hace poco cuando estaba de trabajo hasta arriba.
  • Travesuras de la niña mala: con éste estoy ahora, me lo regalaron mis ex-compañeros de trabajo de Justo, en ATICA en la Universidad. Por ahora está bastante bien, ya contaré más cuando lo termine.

Y ahora que viene el verano, que es mi época de leer por excelencia, he empezado por enésima vez Garras de astracán, un libro de Terenci Moix que vuelvo a leer porque para mí es divertido, rozando el absurdo a veces o casi siempre, aunque un poco empachoso con el tema de la homosexualidad.

Pero necesito recomendaciones. Tengo que hacer una compra gorda de libros porque no quiero verme, como todos los años, sin nada que leer en esas tardes calurosas en las que no se puede trabajar y yo no sé dormir la siesta.